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La desoladora historia del taxista mexicano que se convirtió en asesino serial

12 Oct 2016
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La mente criminal es un órgano que como humanos siempre nos hemos sentido intrigados a estudiar; de hecho, hay profesionales que se dedican específicamente a ello, a descifrar y tratar de comprender cómo es que funcionan las operaciones humanas en el cerebro humano, cómo es que pudieron llegar a quebrar los límites de lo permitido, de lo moral, en este mundo. Ha habido muchos asesinos famosos en nuestra historia y generalmente han causado tal conmoción que la sociedad entera vuelve su mirada y conmoción ante tales seres; México no escapa de este fenómeno y hace algún tiempo, cerca de 2007, tuvo a uno de sus homicidas más famosos.

José Luis Calva Zepeda, mejor conocido como “El caníbal de la Guerrero” es un personaje que poco a poco se insertó en la cultura popular mexicana como sinónimo de un miedo que es capaz de hacerse realidad, es un nombre que hasta el día de hoy significa terror y misterio. La serie de crímenes que le caracterizarían la mencionaremos más adelante, pero ¿qué es lo que se escondió detrás de un hombre al que todos enjuiciamos? ¿Cuáles pudieron ser sus motores en esa máquina compleja llamada psique?

 


De acuerdo a investigaciones y entrevistas se ha llegado a información que es de total relevancia para contestar a ambas preguntas. José Luis nació en 1969 dentro de una familia destinada a la tragedia: a los dos años su padre murió, siempre fue maltratado por su madre, fue víctima de un abuso sexual a la edad de siete años y poco después escapó de casa para vivir en la calle, adquiriendo así una adolescencia plagada de drogas y prostitución.

Este sujeto creció en un ambiente hostil y precario donde tuvo que descubrir su bisexualidad a la par de cómo procurar su subsistencia; eso no le impidió llegar hasta el bachillerato e intentar la formación de una familia promedio. Habiéndose casado y tenido dos hijas, José Luis pasó relativos días de calma en que nada extraño parecía ocurrir o levantar sospecha. Finalmente, tras problemas típicos de una pareja que no logra entenderse, se divorció y encontró refugio en la producción literaria; comenzó a escribir cuentos y poemas que ya arrojaban rasgos de una mente confundida y atormentada.

En el año de 1993 fue arrestado por posesión de arma blanca y pasó algún tiempo en prisión, desatando ya más pensamientos disruptivos acerca del mundo e iniciando una relación amorosa con otro hombre llamado Juan Carlos Monroy, quien da testimonio de una vida homosexual que no logró apagar su fascinación por las mujeres. Durante esos años se mantuvo muy cerca de su lado creativo y montaba obras teatrales de su propia autoría a la par de vender sus poemas en los barrios de la Roma y Condesa, colonias de la Ciudad de México. Para tener un ingreso extra con el que subsistir, también trabajó como taxista durante una temporada de finanzas complicadas.

Posteriormente dio termino a su noviazgo con Juan Carlos y conoció a una joven llamada Consuelo Martínez, con quien empezó su carrera delictiva. Al verse contrariado emocionalmente gracias a su relación no aceptada por la madre de la involucrada, decidió asesinarla y descuartizarla, dejando su cadáver en el municipio de Chimalhuacán. Al ser descubiertos los restos de esta mujer y verse amenazado por una denuncia interpuesta por parte de los familiares de ella, se dio a la fuga mudándose a un departamento de la colonia Guerrero, lugar que pronto se convertiría en el escenario de sus impulsos siniestros.

 


Al respecto, sus vecinos nunca fueron capaces de sospechar nada misterioso o fuera de lo común, sólo pudieron atestiguar una ajetreada vida romántica que involucraba que mujeres entraran y salieran de su vida; para entonces, él era presuntamente responsable de la muerte de dos mujeres, su exnovia y una prostituta de calles cercanas. La bomba estalló cuando la desaparición de una chica con el nombre de Alejandra Galeana, quien se encontraba desaparecida y era ubicada como pareja sentimental de José Luis.

 


Hasta un 5 de octubre de 2007 fue que el paradero de este asesino se ubicó, gracias a las denuncias de una madre desesperada por hallar a su hija y de los vecinos, quienes percibían un hedor insoportable en el edificio donde vivían. Cuando los policías entraron a la casa de Calva Zepeda, teniendo que perseguirle tras su intento de fuga, encontraron el cuerpo de Alejandra desmembrado y almacenado en distintas partes del hogar, así como parcialmente cocinado: frito y cocido en una especie de caldo sobre la estufa.

Después de ser trasladado al Hospital de Xoco, dadas las heridas que se ocasionó al saltar por su balcón en fallida huida, y habiendo analizando los restos hallados en su departamento, José Luis se reconoció entre la población como “El caníbal de la Guerrero” gracias a la prensa sensacionalista del momento. Las conjeturas no se hicieron esperar y corrieron rumores acerca de un culto al personaje Hannibal Lecter (“El silencio de los inocentes”) por parte del acusado y la posesión de objetos extravagantes o lunáticos en su residencia.

 


Al encontrarse ya en prisión y bajo el asedio de medios y ciudadanos enfurecidos, José Luis pasó días, según lo que se cuenta, en que la locura terminó por poseerlo, poniéndole en una situación de vulnerabilidad con respecto a los demás presos. No se sabe del todo si fue cierto un hostigamiento por parte de los reclusos y si esto terminó por orillarle al suicidio; pocos meses más tarde de su aprensión se halló su cuerpo sin vida en una celda del reclusorio.

 

Sobra decir que su persona no atrajo ningún sentimiento de simpatía al saberle muerto ni logró apaciguar el recelo con el que se le miraba; a su sepelio no hubo gran asistencia más que la de aquellos que sólo se acercaron para verificar su fallecimiento o amedrentar a su hermana. José Luis pasó a la historia como un demente con un gusto escabroso por la carne humana, pero poco se ha investigado a su familia y los efectos negativos que le infligieron; él fue un hombre que, presa de una vida desquebrajada y un talento humano poco alimentado, encontró un espejo de sus desgracias en la aniquilación de otros.

En 2010, Carlos Manuel Cruz Meza realizó una investigación respecto al caso para el programa “La historia detrás del mito”. Puedes ver las dos partes en Youtube, te compartimos la primera.

 

Last modified on Miércoles, 12 Octubre 2016 21:20
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Redacción

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